Este martes se conoció la noticia del fallecimiento de Claudio Garófalo.

El oriundo de Quilmes, integrante de una familia muy fierrera, supo ganarse un lugar grande en el automovilismo zonal y nacional. Primero como piloto, consagrándose en 1982 en la F2 Biplaza Bonaerense, y como preparador después, tanto en la actividad zonal como en las grandes ligas.
En Turismo Carretera trabajó y ganó con los mejores pilotos contemporáneos (Pechito López, Matías Rossi, Norberto Fontana, Facundo Ardusso, Jonatan Castellano, José Manuel Urcera, Leonel Pernía, Christian Ledesma, Alan Ruggiero, entre otros), pero también sufrió sanciones por anomalías en sus impulsores que lo bajonearon e hicieron alejar de las grandes luces.
Los inicios como preparador
Cuando colgó el casco (provisionalmente, porque en los 90′ volvió a la F2), comenzó a meter mano en los autos de calle, con un taller propio en Quilmes. Pero un día, Oscar Fineschi lo fue a buscar para que le atienda el Turismo Nacional y ahí comenzó como preparador de autos de competición.

En 1982, con un auto preparado por él y su padre José, se consagró en la F2 BB. (Foto Autopista)
Junto a Diego González, hoy en el Mar y Sierras A, incursionó en el Turismo 4000 Argentino y los éxitos no tardaron en llegar. Lo mismo ocurrió con Juan Manuel Damiani en Turismo Pista.
Sus maestros fueron José Garófalo (su papá), Rafael Balestrini, José Miguel Herceg, Oreste Berta y Omar Wilke, quien lo ayudó a incursionar en el TC Pista, en el 2006, junto a Diego González.

Esa fue la puerta al automovilismo grande, donde disfrutó de los triunfos y padeció los sinsabores.
Se fue un gran tipo. Amigazo de sus amigos y referente de su familia. Siempre recordaremos a Claudio por su don de gente.
Gentileza Tribuna 2