Franco Colapinto hizo delirar a las 600 mil personas que se acercaron a la zona del Monumento de los Españoles con el Lotus E20 en un evento que fue un éxito y un claro aviso para la F1.
Lo que vivimos este fin de semana en las calles de Buenos Aires no fue simplemente una exhibición. No fue solo un auto de Fórmula 1 acelerando a fondo entre edificios. Fue un plebiscito popular. 600.000 personas —una cifra que marea y que rompe cualquier récord no sólo de un Road Show sino también de un Gran Premio. Lo sucedido el domingo fue un claro aviso al mundo de la “Máxima” Argentina no solo quiere la Fórmula 1; Argentina la necesita y la merece.

Ver a Franco Colapinto sobre el Lotus E20 en suelo porteño fue la materialización de un sueño no sólo para el piloto de Alpine sino también para todos los fanáticos argentinos. Pero lo más impactante no fue el sonido del motor V8 pegando contra los edificios de Avenida del Libertador, sino el fervor de la gente. Banderas y carteles de diferentes puntos del país, incluso del exterior, se mezclaron en una marea humana que desbordó cada rincón del circuito urbano.
Este evento demostró que Colapinto logró algo clave: unificar un país. Franco dejó de ser un piloto para transformarse en un embajador cultural. Su carisma y su velocidad despertaron en los últimos años a un público que sólo miraba la Fórmula 1 por TV.

La ciudad de Buenos Aires volvió a ser, por unas horas, el epicentro del automovilismo mundial. La logística, el comportamiento del público y la pasión enviaron un claro mensaje a las oficinas de Liberty Media en Londres: el mercado argentino es una mina de oro por su pasión y su tradición con este deporte. No se trata de si estamos listos técnicamente; se trata de que la voluntad popular superó cualquier traba burocrática. El evento de este domingo fue el ensayo general de un Gran Premio que ya tiene su público asegurado.
La Fórmula 1 y Argentina, dos polos que estuvieron muy alejados y que en la actualidad parecen estar más cerca que nunca…
Gentileza Carburando








